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Información del curso
Empiezas el bolo bien. A la tercera canción la garganta se va cerrando. Tragas saliva entre frase y frase y cada trago la cierra un poco más. Acabas empujando lo que al principio salía solo. Hay cantantes que se atragantan por cómo cantan. Y luego cantan peor por cómo tragan. Yo era uno. Después de los bolos me daban rampas en la lengua y me costaba tragar. Si bebía agua a medio bolo, me atragantaba. Y el súmmum fue un día que, comiendo en un restaurante con un buen amigo, me dijo que le daba vergüenza y dentera el ruido que hacía al tragar. Todo junto activó mi frikismo y me puse a estudiar cómo funciona tragar. Hoy trago en silencio. Y ahora soy yo el que no soporta oír tragar a nadie. Tragar y cantar usan las mismas partes para hacer lo contrario. Al tragar, la garganta va delante. Al cantar, va atrás. Si tu sistema las mezcla, al cantar todo se tensa y empujas, y al tragar se queda abierto y te atragantas. Lo común es sentir la tensión y atacarla. «Relaja la mandíbula». «Relaja el abdomen». «Relaja la lengua». Pero el sistema, que es cabezón, no suelta. Al menos no definitivamente. Aquí empezamos dándole la razón. Primero mejoramos el tragar. Y cuando se calma, vamos a por el cantar. A favor antes que en contra. Cuando tu sistema las distingue: – La voz se vuelve ligera, porque deja de luchar con el tragar. – Más proyección y armónicos sin empujar aire, porque la faringe trabaja y las cuerdas se relajan. – Menos fatiga. Mejor resultado con mucho menos trabajo. – La mandíbula y la lengua dejan de estar tensas. Desaparece la sensación de bola. – Tragas sin ruido y sin atragantarte. – Y un calentamiento que hidrata y pone la voz a punto sin gastarla. Dos clases peculiares (por no decir raras) pero muy efectivas, y dos explicaciones cortas para que no pienses que estoy totalmente loco. Que lo estoy, pero lo uso a nuestro favor. No es hacer ejercicios. Es poner orden una vez. 20 €. A veces hay que empezar por aprender a tragar. Abajo, el botón.
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